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martes, 29 de mayo de 2012

Desierto


1 comentario:

Jaime dijo...

Un mes de agosto de 1988 contemplaba el desierto de Tuzer (al sur de Túnez). El sol, a punto de desaparecer en el horizonte, teñía de colores ocres la arena blanca del desierto. Allí, al observar aquello, entendí lo grande que era el mundo y lo pequeño que era yo. El desierto, toda una casualidad de la naturaleza, me hacía sentir vivo, y sentí que abandonaba mi pubertad para entrar en el mundo de la carrera de obstáculos de la madurez.
Hoy por hoy, sin vivir en un desierto y sin tener dunas cerca, salvo aquellas arenas blancas que dejan los ríos castellanos con la sequía del verano, tengo que decir que habito en un auténtico desierto humano. Cuando era niño, en Madrid, todo el mundo se decía "buenas", hoy mirarse a los ojos implica retirar la mirada y mirar hacia otro lado.
Chacho.....eres grande, como la belleza y profundidad de tus fotos.

Un mozárabe en pleno desierto

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